
Todas las setas, incluidas las no comestibles y venenosas, son elementos muy importantes para el bosque y el equilibrio del ecosistema; nunca rastrillar ni apartar la hojarasca.
El respeto por la naturaleza ha de ser la norma esencial del micólogo. No participes en el empobrecimiento de nuestros bosques.
De otro modo las setas acabarán en la bolsa de la basura, sin beneficio para nadie. En el medio ambiente liberan esporas y se recicla la materia orgánica.
Dejando así intacto el micelio que producirá nuevas setas.
Solo la perfecta identificación de sus características macroscópicas (pie, volva, anillo, laminillas, ...) y microscópicas (esporas, hifas, ...) puede garantizar la especie. Consultar en caso de duda a personas cualificadas.
Y en caso de intoxicación acudir rápidamente a los servicios médicos. Conservar algún ejemplar de las setas ingeridas puede salvarnos la vida.
Recoger la seta entera. Tres o cuatro ejemplares en distintas fases de crecimiento deberían bastar para éstos fines.
Las primeras son de difícil identificación y las segundas suelen ser indigestas, aún tratándose de especies comestibles.
Las setas muy "lavadas" pueden cambiar el color y la textura, dificultando la correcta identificación. Por otro lado, sus características organolépticas (aroma, sabor, ...) se pierden por el exceso de humedad.
Porque aún conservan las características que los son propias en cuanto a color y textura. No destinar al consumo setas procedentes de cunetas o zonas contaminadas (industrias, aguas fecales, ...) ya que pueden acumular sustancias tóxicas.
O en algún otro recipiente que impida la presión mecánica y favorezca la aireación; esto evitará putrefacciones y favorecerá la dispersión de esporas por el campo. Colocar las setas en láminas hacia abajo para evitar que entre tierra en ellas. Separa claramente los ejemplares no identificados de los otros.
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